REFLEXIÓN

SEAMOS UNO...

¡Cuán glorioso es el contemplar que se nos ha invitado a esa unidad perfecta que existe entre el Padre y el Hijo! ¿Cómo puede suceder eso?

Jesús fue también un ser de carne y espíritu, pero no cedió a la tentación (véase Mosíah 15:5). Al buscar unidad y paz dentro de nosotros, podemos volvernos a Jesucristo porque Él comprende; comprende qué significa afrontar la lucha y también cómo ganarla. Como dijo Pablo: “…no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Hebreos 4:15).

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